Un delito por compartir la semilla: el problema detrás de la regularización

Cómo las nuevas exigencias a las semillas corrientes amenazan la tradición
campesina y mapuche en Chile.

Cuando estudiaba en la universidad, en clases surgían conversaciones que me marcaban. Algunos profesores y alumnos hablaban
de cómo “evadir” distintas leyes para poder montar un negocio. 
Ese tema nunca me interesó. Me daba intriga, sí. Porque si te pillan, la ley hace su parte. Y yo no quería que la ley cayera en mi
contra por romperla.  
En esas conversaciones salían ejemplos comunes: lavado de dinero, venta de ilícitos. Pero siempre el profesor terminaba
recalcando lo mismo: ética y moral en el desarrollo de una empresa.
La ley existe para proteger lo que es de todos  
Sobre todo en empresas que extraen recursos de la tierra o del mar. Hay ordenanzas que buscan no matar el recurso.  
Tenemos ejemplos horribles de ríos secos y contaminados. Cuando se mata la flora y la fauna, se rompe una cadena que a veces
es irreparable. Y ese coletazo también le llega al ser humano.
Suena lógico, pero en la práctica no siempre se aplica.
En turismo nos pasaba lo mismo. Cada vez que nos pedían un informe de desarrollo de un negocio, aparecían leyes que no
podíamos ignorar: no alterar sitios patrimoniales, no hacer fuego ni cocinar en áreas protegidas. Teníamos que aplicarlas para medir
qué tan viable era un proyecto.
Y aquí venía la parte que más me chocaba:  
La ley pide un Estudio de Impacto Ambiental o una Consulta Pública.  
Nosotros preguntábamos: ¿y para qué sirve?  
La respuesta era: “es para llenar papeles”. ¿Tiene alguna implicancia real? “No, es solo porque lo piden”.  
Un mero trámite.
¿Y qué tiene de relevante esta historia?  
Que la consulta es solo una parte más del proyecto que te exige algún SEREMI cuando quieres emprender.
Hoy el problema está en el campo  
Últimamente a las personas ligadas a la tierra las están afectando con nuevas exigencias: ahora quieren ponerle requisitos a la
comercialización de semillas corrientes.
¿Qué implica esto?  
Que nuestro patrimonio y nuestras costumbres se ven amenazadas. Tanto el campesino como el pueblo mapuche han cultivado y
conservado sus semillas por generaciones. Es parte de su identidad.
Con estas nuevas reglas, si compartes o intercambias semillas que no están registradas, podrías estar cometiendo un delito.  
¿Y quién está detrás de esos registros? Las grandes empresas. No los campesinos.  
Es, en palabras simples, una privatización. Una expropiación de nuestro patrimonio alimentario.
No puedes formalizar a un pequeño campesino, pero si a la gran industria de las semillas.
Mi lugar en esto  
Yo soy cocinero. Y en mi rubro también me hace sentido alzar la voz.  
Existe una simbiosis directa entre el chef y el campo. Yo dependo del cultivo del agricultor y de la agricultora.  
No puedo callar.
Es mi deber moral escribir y dar mi opinión: el patrimonio alimentario de Chile tiene que ser protegido.

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